bubblepipe2.jpg “¿Vamos en taxi?”. Quiero caminar. Digo que sí. ¿Seis pesos? ¿Cinco? ¿Ocho? No me acuerdo. Acá tenés, chau, buenas noches. Tlohhhh-tak, cierra la puerta. Llegamos. Tengo la tarjetita VIP para Niceto. Decido no usarla. Entro con amiga F, el de la puerta chilla porque no existo en una lista. Se hace una movida para que yo entre (podía haber usado el pase, pero quería perturbar ánimos ajenos). Masientrá, dale. Entro. Baño (no aguantaba más). Amiga F con una espantosa Quilmes. No quiero Quilmes, mierda. Digo que sí. “Vení a camarines”. ¿Quiero? No, no quiero. Digo que sí. Up, up, up. Hola, mi nombre es tal, mi nombre es tal. Me agarra un ataque de silencio. Un chico travistiéndose, dos gays a los gritos, un tipo sombrío y callado, dos de The Calefons hablando animadamente. Agarro otra Quilmes contra mi voluntad. Hola, hola, aparece María Fernanda Callejón con Pablo (Pablito) Ruiz. Ella saluda con beso, creo que él no. No recuerdo. Ella dice algo de un juego de cartas, parece un chiste malo, se lo completo con “truco” y hay unas risas de compromiso que no sé de dónde vienen (ella no ríe). ¿Qué hago acá? Me quiero ir. Me quedo. Media hora ahí. ¡Uy! Mirá quién vino. Amiga F me pide que le saque una foto con él. No quiero levantarme del sillón blanco desvencijado. Digo que sí. Tuiiiiii-tlik, saco una foto. Desconocido: “¡Ahora conmigo!”. Tuiiiiii-tlik, saco una foto. Desconocido: “¡Ahora conmigo!”. Tuiiiiii-tlik, saco una foto. No la voy con los cholulos. Nunca tengo comportamiento de cholulo. “Bueno, falto yo”, digo y me saco una foto con él. Yo pongo cara de miembro de Oasis, él hace fuck you. Charlas aquí, charlas allí. Al rato, el que compartió foto conmigo me pide “un fibrón”. No tengo. Tengo lapicera. “Me sirve igual”. Tomá. Escribe “BASURA TOXICA” en una bolsa de nylon verde. ¿Qué hay ahí? No alcanzo a ver. Mierda, ¿qué tiene ahí? ¿Qué tiene ahí? “Gracias”, me la devuelve y se va a hablar con la Callejón y Ruiz. Está un rato largo. Bajo a ver el show de las Calefons. Veo cuatro, cinco temas. “Me gusta el tenis, me gusta el tenis” y se van. Subo detrás cantando “me gusta el tenis, me gusta el tenis”, de vuelta a los camarines. Charla aquí, charla allí. La calefon más linda (cuyo rostro ahora no recuerdo) me pide la lapicera. Ella no tiene una bolsa y no sé dónde escribe. La bolsa verde… ¿qué tenía este ahí? Mierda, ¿qué tenía ahí? ¿Qué había en esa bolsa? “Gracias”, me devuelve la lapicera e interrumpe lo que pensaba. Sigo: ¿Qué había en esa bolsa? Bajo la cabeza, miro dentro de mi morral, guardo la lapicera, subo la vista veo que, dos metros adelante mío, el que compartió la foto conmigo está fumando con dos personas más lo que saca de la mencionada bolsa verde. Dos pipas extrañas de fabricación casera. Ah, ya sé qué es. Es hora de que duerma algo. Le digo a Amiga F: “me voy a casa, mañana mandame la foto del Pity”.

Kinky