Calor, mucho calor. Más de 30 ° este sábado en Río de Janeiro. Acabo de bajar del Cristo Redentor y todavía me falta visitar el Pan de Azúcar, Comer en una churrascaría hasta morir y asistir al Live Earth, en el corazón de Copacabana, en la playa, equidistante entre la mesa en la que sirven deliciosas caipirinhas y la chopera de cerveza helada (Skon, para más datos).

Río es todo lo que suponemos desde el frío invierno porteño y más, mucho más. Río es un pésimo cantante y guitarrista que va por la playa ofreciendo temas de Caetano y Roberto Carlos a los turistas que están dispuestos a tirarle unos centavos de real. Río es un simpático choborra, vestido de fugitivo, que imita la voz del presidente Lula y el sonido de varios animales. Y Río también es un señor que, ante la advertencia de su olfato de que hay argentinos cerca suyo, se arrima para decirnos en la cara: “ustedes sí que son nacionalistas. Todos quieren jugar en la selección. Se matan por la camiseta. En cambio los nuestros están todos de vacaciones”. Río también es el conserje de un hotel que ve un parecido entre este escriba y… el guitarrista de The Doors! Río es una belleza, Bambino y también un lindo recuerdo. Río es la distancia justa entre la nieve porteña y los más de 30° de Copacabana.